Escrutando entre la maleza, Siryana. Esperando la llegada de seres de otro planeta se encuentra la hija del científico. Un momento del rodaje Titeremundano en los alrededores del Observatorio Astronómico de Llano El Hato, en Mucuchíes. Esto fue el mes de febrero y lo más difícil fue trabajar durante la noche debido al frío. En realidad la temperatura era menor en el interior del Observatorio que fuera de éste.
Reflexiones acerca de América Latina, ensayos políticos, literarios, noticias y algo de mi narrativa.
viernes, 29 de mayo de 2009
Rodando en el Observatorio de Llano El Hato en el Estado Mérida.
jueves, 11 de diciembre de 2008
De donde son las alpacas
Para Karem Schramm
La presencia de ella se nota a leguas, como un esquimal en Palermo. Como un dromedario en el Paseo Ahumada, como un guerrero swahili en la estación del Metro Capitolio. Como un desfile de peces bajo la Torre Eiffel. Parece salida de un cuadro impresionista.
Fumadora impenitente con pitillera de plata en la cartera, conversadora, narradora incansable de mil anécdotas curiosas y una memoria proverbial, sobre todo para los jingles y las series de tv en blanco y negro de la infancia lejana, como esa de terror en que aparecían Cassandra Collins, y su hermano Barnabás, ambos personajes de Sombras Tenebrosas.
El otro día me dijo que se iba a la dimensión desconocida y yo espero que vuelva pronto, que no se quede mucho rato por esos lares, que me cuente después cómo era el lugar en cuestión. Capaz que me entusiasme, que nos entusiasme a todas y vayamos para allá un rato a hacerle compañía.
Los que la rodeamos y la amamos nos la bancamos con todo y sus novios y amantes, que son como personajes sacados de una novela de José Donoso, sus gatos, sus perros, las faldas de flores turquesa que combinan con sus ojos, los bucles rubios y los sombreros que cubren su piel blanquísima. Sombreros que la protegen del sol pero no de las habladurías. Porque la gente siempre busca de qué hablar y claro, ella es tan particular, tan distinta y no le importa.
Diríase que trabaja concienzudamente esa extravagancia suya para su público y me consta que la cultiva desde la más tierna edad, cuando se paseaba con un echarpe blanco larguísimo por los pasillos del liceo durante los fríos inviernos y las demás niñas la abucheaban o reían a sus espaldas.
Lástima que no nació en Londres, en París o en Manhattan. Venir a nacer aquí, en el fin del mundo, donde aún sobreviven las alpacas.
Bueno, esa es otra de sus extravagancias.
La presencia de ella se nota a leguas, como un esquimal en Palermo. Como un dromedario en el Paseo Ahumada, como un guerrero swahili en la estación del Metro Capitolio. Como un desfile de peces bajo la Torre Eiffel. Parece salida de un cuadro impresionista.
Fumadora impenitente con pitillera de plata en la cartera, conversadora, narradora incansable de mil anécdotas curiosas y una memoria proverbial, sobre todo para los jingles y las series de tv en blanco y negro de la infancia lejana, como esa de terror en que aparecían Cassandra Collins, y su hermano Barnabás, ambos personajes de Sombras Tenebrosas.
El otro día me dijo que se iba a la dimensión desconocida y yo espero que vuelva pronto, que no se quede mucho rato por esos lares, que me cuente después cómo era el lugar en cuestión. Capaz que me entusiasme, que nos entusiasme a todas y vayamos para allá un rato a hacerle compañía.
Los que la rodeamos y la amamos nos la bancamos con todo y sus novios y amantes, que son como personajes sacados de una novela de José Donoso, sus gatos, sus perros, las faldas de flores turquesa que combinan con sus ojos, los bucles rubios y los sombreros que cubren su piel blanquísima. Sombreros que la protegen del sol pero no de las habladurías. Porque la gente siempre busca de qué hablar y claro, ella es tan particular, tan distinta y no le importa.
Diríase que trabaja concienzudamente esa extravagancia suya para su público y me consta que la cultiva desde la más tierna edad, cuando se paseaba con un echarpe blanco larguísimo por los pasillos del liceo durante los fríos inviernos y las demás niñas la abucheaban o reían a sus espaldas.
Lástima que no nació en Londres, en París o en Manhattan. Venir a nacer aquí, en el fin del mundo, donde aún sobreviven las alpacas.
Bueno, esa es otra de sus extravagancias.
Las fotos de Alexi

Alexi Gaete es de Concepción. Artista audiovisual. Anduvo navegando en el mismo barco que yo, hace unos años. Fue DJ en Valparaíso y nos gustaba preparar pizzas y beber Misiones de Rengo, de preferencia Carmènere. Ahora vive en Santiago y a él pertenecen las fotografías blanco y negro que dan cuenta de la rara belleza porteña y que subí a este blog.
El blog de la princesa Mononoke

La Princesa Mononoke subió a su blog la fotografía en que camina por la Calle del Arzobispo. Es como el Callejón Diagon – escribe - el de la película de Harry Potter, aunque con seres no tan pintorescos deambulando, pero sí más oscuros, más trágicos, peor vestidos. En todo caso es un callejón bastante peligroso y sórdido. Piensa, mientras escribe y recuerda. Salía entonces de una tokata y olían a cerveza rancia y a orines las escalinatas, el pavimento; toda la calle tenía el hedor del piso de un bar. Es que la ciudad aquella era un bar con marineros holandeses, chinos o polacos en juerga sempiterna, y la Princesa Mononoke parece eso entre la multitud, una princesa, aunque su estatura sea mínima y su rostro luzca pálido, con esas enormes ojeras que dan cuenta de su afición por la noche. Lleva una larga bufanda como un cisne enrollado al cuello y fuma todo el tiempo.
“Ya había amanecido – escribe - y cuando llegaba a mi casa pude ver el mar con estelas anaranjadas y doradas y de pronto emergiendo un submarino que no era amarillo sino gris, era de la Armada del Nuevo Extremo. Me quedé un rato largo mirándolo, porque submarinos no se ven a cada rato. Pero se hacía tarde, no tuve más remedio que entrar a casa y vestirme muy rápido porque ya eran casi las 7 de la mañana y tenía clases de Filología griega, creo. No me crees? Lo de la clase era verdad. El submarino también era real aunque no tanto como ese mar anaranjado y tranquilo. Quizás los borrachos holandeses sí los imaginé, porque eran una legión.”
Love in Hi-Fi
Love me in Hi –Fi repite ella, pero no está pidiéndole amor eterno ni nada a nadie. Es a Nicola Conte a quien tararea y lleva en sus orejas desde hace rato. Luego se acuerda, extrae el móvil de su diminuta cartera de cuero verde y marca un número antes de cruzar la calle.
Me buscaría a otro, otro menos torpe, o menos inteligente, o menos poser, piensa. Pero quién los entiende. Todos están ensimismados, demasiado preocupados por ser vistos, mirados, escuchados, leídos, admirados, que no les importa si hacen el ridículo o si hacen daño. Probablemente les interese más lo primero que lo segundo. Así que mejor continúa tarareando. Apaga el móvil y prosigue su camino.
Love me in Hi-Fi escucha él antes de quedarse dormido sobre el ordenador y ya son las 4 de la mañana. Ha fumado demasiado y oye a su madre que reclama que hasta cuando, que tanto olor impregna las cortinas, lo de ser fumadora pasiva y todo eso que él ya conoce de memoria.
Me buscaría a otro, otro menos torpe, o menos inteligente, o menos poser, piensa. Pero quién los entiende. Todos están ensimismados, demasiado preocupados por ser vistos, mirados, escuchados, leídos, admirados, que no les importa si hacen el ridículo o si hacen daño. Probablemente les interese más lo primero que lo segundo. Así que mejor continúa tarareando. Apaga el móvil y prosigue su camino.
Love me in Hi-Fi escucha él antes de quedarse dormido sobre el ordenador y ya son las 4 de la mañana. Ha fumado demasiado y oye a su madre que reclama que hasta cuando, que tanto olor impregna las cortinas, lo de ser fumadora pasiva y todo eso que él ya conoce de memoria.
lunes, 8 de diciembre de 2008
Los piratas de Valparaíso

Jonny Depp puso nuevamente de moda las historias de piratas y corsarios gracias a su película. Y es que siempre cautivan la imaginación las aventuras que tienen como protagonistas a esos delincuentes del mar, convertidos por la imaginación popular, el cine y las reinas, en verdaderos héroes. Chile no se queda atrás en lo que a piratas se refiere, ya que, siendo un país de extenso litoral y antes de la construcción del canal de Panamá fue paso obligado de todo el tráfico naval que venía desde Europa a partir del siglo XVI.
Sí, Valparaíso también sufrió los estragos de las visitas corsarias. Francis Drake, convertido en Sir por la reina de Inglaterra asoló las costas de mi ciudad allá por el mil quinientos y tanto. Y los tesoros, quizás no tan exuberantes como el de la película en que Depp y Geofrey Rush, alias, capitán Barbosa comparten créditos, también tienen cabida en algún lugar de Valparaíso.
Todo niño o niña porteño más o menos osado dice haber visitado en algún momento de su vida la Cueva del Pirata. Y, como en toda leyenda, el lugar es impreciso. Los investigadores ubican el lugar donde Drake ocultó el tesoro, cerca de Laguna Verde al norte de Valparaíso.
La historia dice más o menos así: “Era la mañana del 5 de Diciembre de 1578 cuando el “Golden Hind” al mando de Sir Francis Drake, entró al Puerto de Valparaíso. Este pirata había sufrido una increíble derrota de parte de los indios, quienes lo habían expulsado de la Isla Mocha diez días antes. En esa ocasión, Drake había recibido un mazazo en la cabeza y un flechazo bajo el ojo derecho.
Durante tres días, el corsario y los suyos, permanecieron en Valparaíso desvalijando una ciudad solitaria cuyos habitantes sólo habían atinado a refugiarse en los cerros o internarse en los campos abandonándolo todo.
Fue entonces, cuando no satisfecho con el botín de sesenta mil duros obtenidos, robó en la Iglesia “La Matriz”: un cáliz de oro, un crucifijo de plata y unas vinajeras fue el resultado de su pillaje y cuando comprobó que los víveres y el botín eran suficientes, zarpó rumbo al norte.
Se cuenta que, Drake, al pasar frente a “Laguna Verde”, un lugar costero próximo al puerto de Valparaíso, decidió ocultar parte de sus tesoros en una cueva natural formada en el muro rocoso de la costa cuya entrada siempre estaba defendida por grandes olas. Esta es la gruta conocida con el nombre de La cueva del pirata y el valioso tesoro que encierra tiene la virtud de cambiar de lugar pues ahora se encuentra en manos de brujos.
El “entierro” pudo ser fácilmente descubierto por cualquiera que hubiese osado buscarlos hasta un año después del deceso del corsario. Pero nadir se aventuró en la empresa...
Se cree que el alma de Drake, y las de sus camaradas de aventuras, no hallarán la paz hasta que el tesoro sea encontrado.
Muchos pescadores y marinos, que frecuentemente navegan frente a la “cueva del pirata”, dicen haber divisado, por las noches, pequeñas luces azules que corren con desesperación a ocultarse el interior de la gruta como indicando el lugar exacto del fabuloso entierro.
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Mirando Valparaíso desde el Cerro Cordillera, 2002
Mi casa era el viento ululando por Valparaíso,/las luces de Quintero/los perros vagos deambulando por las calles.
En las alturas titeremundanas
John Márquez tras la cámara y Rodrigo Acosta en la dirección del programa infantil Títere Mundachi.
En el bosque titeremundano...
Aunque algunos parezcan mutantes... Noo! Es Títere Mundachi
Grabando en Mérida el programa infantil que dirige Rodrigo Acosta. Un montón de locos creativos con él a la cabeza han dado cuerpo a esta serie televisiva.
En pleno rodaje y con mucho frío.
Un felino porteño
Personaje característico de las calles de Valparaíso, visto por Marcela Latoja.
La ciudad que se deshace lentamente.
Siempre Valparaíso, por Marcela.
Subiendo hacia el Cerro Concepción.
Los colores de la ciudad. By Alex Aguero.
Siempre presente... Allende.
Bajando por Almirante Montt, hacia Plaza Aníbal Pinto. Otra foto de Alex Aguero.
En pleno Almendral, mi escuela.
Escuela Ramón Barros Luco, Valparaíso. Es una construcción que data de 1926 y debe su diseño al arquitecto Alfredo Azancot. Conjuga diversos estilos y aunque ha sido modificada en su interior, aún conserva su misterio, como sus fantasmas, por ejemplo. Quienes estudiamos allí tenemos más de una historia al respecto.