A su paso por Valparaiso, Rodrigo Acosta hizo un registro de las calles, con imágenes de las coloridas paredes y muros de la ciudad.
Debido al aire salino, que corroe los materiales, los habitantes del puerto suelen recubrir los muros de sus casas con laminas de zinc o calaminas, las que, con el paso del tiempo adquieren una tonalidad anaranjada que le confiere un sello característico al paisaje urbano.
Esas calaminas, han sido inundadas de color, intervenidas por artistas locales y estudiantes de arte. En Valparaiso, el arte esta en todas partes.





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